Nacemos con un alto porcentaje de gen luz; es por eso por lo que, desde niños, vibramos con una frecuencia de 5D y lo manifestamos expresando mucho amor con mucha inocencia. Podemos percibir en todos los planos, incluso desde bebés, justamente porque venimos con la genética luz activada al 100%.

A medida que crecemos, vamos descubriendo que en el mundo en que vivimos no todo es amor y paz.
Empezamos a percibir la densidad del entorno, una densidad que se manifiesta en engaños, traiciones, dolor, angustias, pestes, hambre, etc. Por consiguiente, nos vamos adentrando en vivir de acuerdo con esa densidad exterior, lo cual hace que nos sumerjamos en ella y, paulatinamente, nos densifiquemos. Esto ocurre porque aprendemos las mañas de quienes nos rodean, las costumbres negativas, etc., y eso hace que nuestra genética luz quede muy opacada en nuestro interior y no se exprese hacia el exterior. Nosotros mismos nos vamos volviendo más inconscientes, nos vamos “durmiendo” y endureciendo nuestros corazones, en algunos casos.

Sin embargo, al margen de que nacemos con el gen luz al 100% y de que después va mermando esa activación inicial, siempre estamos creando nuestra realidad. Ya sea que estemos dormidos o despiertos, siempre estamos creando continuamente, y esa capacidad la tenemos por nuestra genética luz. Esa es, precisamente, otra de sus funciones: es una energía creadora en nuestro corazón que nos permite crear, y lo hacemos en modo negativo o positivo, consciente o inconscientemente. Siempre estamos creando.
Creamos con nuestros pensamientos, con lo que hablamos, con lo que imaginamos, con lo que visualizamos e incluso con lo que recordamos, porque al recordar traemos información del pasado al presente, la actualizamos y generamos la posibilidad de que eso que recordamos —ya sea negativo o positivo— se repita o nos suceda algo similar. De modo que nuestra actividad creadora nunca se detiene, ni siquiera cuando estamos en el sueño.
Somos los creadores de nuestras propias experiencias de vida y, como seres humanos, creamos a nivel individual y colectivo. Muchas veces creamos sin saberlo, o nos olvidamos de que somos creadores y artífices de nuestra realidad. Entonces damos rienda suelta a pensamientos negativos, cantamos canciones que hablan de tristeza o dolor, o repetimos consignas y frases de nuestra cultura. También permitimos que nos bombardeen con noticias negativas en la televisión o en redes sociales, e incluso que otros nos induzcan pensamientos negativos, haciéndonos eco de ellos sin darnos cuenta de que estamos creando con esos pensamientos.
Nuestra actividad creadora no se detiene por nada. Cuando tomamos conciencia de que somos seres creadores, tomamos las riendas de esa capacidad y buscamos crear nuestro propio bien y el de los demás, hablamos y pensamos, cambiamos el “chip” y comenzamos a enfocarnos en lo positivo: visualizar en positivo y pensar en positivo.
Este es un proceso que requiere tiempo, ya que muchos estamos acostumbrados a crear en negativo e inconscientemente. Sin embargo, poniendo empeño y practicando la creación en positivo, creyendo en nosotros mismos, se logran ver resultados: algunos a corto plazo, otros a mediano o largo plazo. Cada persona debe aprender a crear en positivo, a confiar en su propia luz, en su propia energía creadora, siempre conectada con su ser de luz que habita en su corazón.

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Gen luz en el corazón
Otra de las particularidades de la genética luz en nuestro corazón es que nos define y nos da la esencia de nuestra humanidad, porque nos permite tener sentimientos, emociones y sentir amor. Esto forma parte de las características principales de un ser sintiente.
La genética luz
Todo ser sintiente posee genética luz en su ADN. Bajo este concepto se incluye toda clase de expresión de vida cuyas morfologías son diversas e infinitas: desde la variedad de razas humanas y no humanas, hasta la vida vegetal, los animales, las rocas, las piedras, los elementales y los éteres, entre otros. Esta genética luz reside en el corazón de todos los seres sintientes y constituye la fuente de energía vital que permite y sostiene la existencia en todos los planos y dimensiones.